Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, (Efesios 2.14)
LA VENTANA DEL CORAZON
Existe una ventana en tu corazón a través de la cual puedes ver a Dios. Una vez, esa ventana estaba limpia. Tu visión de Dios era nítida. Podías ver a Dios tan vívidamente como puedes ver un valle o una ladera de montaña poco escarpados. El vidrio estaba limpio, la ventana no estaba rota.
Conocías a Dios. Sabias como obraba. Sabias lo que Él quería que hicieras. Sin sorpresas. Sin nada inesperado. Sabias que Dios tenía un plan y tú continuamente lo descubrías.
Luego, de repente, la ventana se quebró, una piedra rompió la ventana. Una piedra de dolor.
Tal vez la piedra golpeo cuando tu padre o tu madre dejaron el hogar, para siempre, tal vez la roca dio cuando tu corazón quedo destrozado por algún novio o novia, o tal vez tu ventana estaba bien hasta este año y luego la piedra cayo.
¿A caso fue una llamada telefónica? Ven a casa. Papa tuvo un ataque cardiaco.
¿A caso fue una carta en tu armario del colegio? No trates de llamarme. Se acabo. Simplemente ya no siento lo mismo por ti.
¿A caso fue un diagnostico del doctor? Tu rodilla está hecha añicos. Lo lamento, pero no podrás volver a jugar baloncesto.
Cualquiera que fuera la forma de la piedra, el resultado, fue el mismo: una ventana hecha pedazos. La piedra le dio al vidrio y lo hizo añicos. El estrepito hizo eco por los pasillos de tu corazón. Las rajaduras se dispersaron en todas direcciones desde el punto de impacto, creando una telaraña de pedazos fragmentados.
Y de repente, ya no era fácil ver a Dios, la visión que había sido tan nítida había cambiado. Te volvías a Dios, y su figura se volvía distorsionada, era difícil verlo a través del dolor. Era difícil verlo a través de los fragmentos del dolor.
El dolor no es ningún extraño para los que aman a Dios. No estamos exentos de los sufrimientos de la vida. Busca en los siguientes versículos el dolor de estos personajes.
(Job 6.10), (Jeremías 4.19), (2 Corintios 1.8), (Isaías 53.3).
Estabas perplejo. Dios no podría permitir que algo así pasara, ¿o sí? La tragedia y la parodia no estaban en la agenda de aquel que habías visto, ¿o sí? ¿A caso te habían engañado? ¿A caso habías estado ciego?
En el momento en que la piedra golpeo, el vidrio se convirtió en un punto de referencia para ti. De allí en adelante hubo vida antes del dolor y vida después del dolor. Antes de tu dolor, la visión era clara; Dios parecía estar tan cerca. Después de tu dolor, bueno, era más difícil verlo. Parecía un poquito distante mas difícil que percibir. Tu dolor distorsionaba la visión. No la eclipsaba, pero si la distorsionaba.
Tal vez esas palabras no describen tu situación. Hay algunas personas que nunca tienen que redefinir o reenfocar su visión con Dios. La mayoría de nosotros si lo hacemos.
La mayoría de nosotros sabemos lo que significan sentirse decepcionado de Dios.
Buscamos a Dios pero no podemos encontrarlo. El vidrio fragmentado nos impide la visión. Se le ve más grande a través de este pedazo y reducido a través de ese. Las líneas crean un rompe cabezas de su rostro. Grandes secciones de vidrio hecho pedazos opacan la visión.
Y no está del todo seguro de lo que ves.
El dolor altera nuestra paz, con mayor facilidad y frecuencia que cualquier otro evento. La congoja puede desviar nuestros ojos de Jesús. Nos volvemos hacia adentro. Para llorar. Para lamentarnos. Llena los espacios en blanco acerca de lo que aprendes de los siguientes versículos acerca de la reacción de Dios ante el sufrimiento:
(Salmo 34.18) ,(Salmo 147.3) ,(Isaías 61.1)













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