Nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podemos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.
(1 Timoteo 6.7-8)
¿Satisfechos? Eso es algo que no estamos. No estamos satisfechos.
Tomamos unas vacaciones sensacionales… Nos saciamos de sol, diversión y buena comida. Pero aun no estamos camino de regreso cuando ya nos acongoja el final del viaje y empezamos a planear otro.
No estamos satisfechos.
Cuando niños decimos: Quien fuera un adolescente. Cuando adolescente decimos: Quien fuera un adulto. Como adulto: Si estuviera casado. Como cónyuge: quien tuviera hijos.
No estamos satisfechos. La conformidad es una virtud difícil. ¿Por qué?
Porque no existe nada sobre la tierra que pueda satisfacer nuestros anhelos más profundos. Anhelamos ver a Dios. Las hojas de la vía susurran el rumor de que lo veremos, y no estaremos satisfechos hasta que lo logremos.
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Y Jehová va delante de ti; el estará contigo, no te dejara ni te desamparara; no temas ni te intimides.
(Deuteronomio 31:8)

Cuando tenía siete años me fui de casa. Estaba hastiado de las regulaciones de mi padre y creía que podía valerme por mi mismo. Con la ropa en una bolsa de papel, Salí como un bólido por el portón del fondo y me fui por el callejón. Pero no llegue lejos. Recordé que tenía hambre y regrese.
Aunque la rebelión fue breve, fue rebelión. Y si me hubieras detenido en aquella jornada prodiga, seguro que te hubiera dicho: No necesito de un padre estoy demasiado grande para seguir las normas familiares.
No escuche al gallo cantar, como Pedro. No sentí el eructo del pez como Jonás. Tampoco recibí una túnica, ni un anillo ni calzado nueva como el hijo prodigo. Pero aprendí de mi padre terrenal lo que esas tres personas aprendieron de su padre celestial. Dios no es Padre solo en las buenas. El no anda con juegos de tómalo y déjalo. Puedo contar con que estará de mi lado, sin importarle mi comportamiento. Tú también puedes estar seguro de lo mismo.
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Mi Dios pues, suplirá todo lo que os hace falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús
(Filipenses 4.19)
La fidelidad de Dios nunca ha dependido de la fidelidad de sus hijos. El es fiel aunque nosotros no lo seamos. Cuando nos falta valor, a El no. El ha hecho historia usando a las personas a pesar de lo que son.
¿Necesitas un ejemplo? La alimentación de los cinco mil. Este es el único milagro, aparte de los de la última semana, que aparece en los cuatro evangelios. ¿Por qué los cuatro escritores consideraron valioso repetirlo?… Quizás querían mostrar que Dios no se da por vencido, aun cuando los suyos lo hagan.
Cuando los discípulos no oraban, Jesús oraba. Cuando los discípulos no veían a Dios, Jesús buscaba a Dios. Cuando los discípulos eran débiles, Jesús era fuerte. Cuando los discípulos no tenían fe, Jesús tenía fe.
Sencillamente piensa que Dios es más grande que nuestras debilidades. Pienso que nuestra debilidad revela la grandeza de Dios.
Dios es fiel aun cuando sus hijos no lo son.
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… La sincera fidelidad a Cristo
(2 Corintios 11:13)
La simplicidad es el medio de ver las cosas con nitidez. El creyente no piensa con claridad hasta que pasa un largo tie
mpo, pero debería de ver con claridad sin dificultad alguna. Para resolver las confusiones espirituales, no vale el recurso a pensar. Para aclarar las cosas, has de obedecer. Cuando se trata de cuestiones intelectuales pensar te ayudara a encontrar soluciones, pero en cuestiones espirituales tratar de razonar no hará mas que llevarte a divagar y algo en tu vida sobre lo que Dios te está presionando, obedécelo. Sométete en este particular todos tus argumentos y todo pensamiento a la obediencia de Cristo; acepta, y todo se te hará claro como el medio día (2 corintios 10:5). Tu capacidad de raciocinio vendrá más adelante, pero no es el raciocinio lo que posibilita ver, veamos como niños, y cuando tratamos de ser sabios no vemos nada (Mateo 11:25).
Incluso la cosa más nimia que persistamos en nuestras vidas que no estén bajo el control del Espíritu Santo del todo suficiente para crear confusión espiritual, y aun cuando pasemos todo nuestro tiempo pensando y dándole vueltas seguirá sin aclararse. La confusión espiritual solo puede conquistarte mediante la obediencia. Tan pronto como obedezcamos, tendremos discernimientos. Esto nos resulta humillante, por que cuando estamos confundidos la tendencia natural nos impulsa a creer que la razón está en el poder de nuestra mente. Pero cuando nuestra capacidad natural de la visión se consagra y somete en obediencia al Espíritu Santo, su poder nos hace percibir la voluntad de Dios y nuestra vida entera se ve arrastrada a una fidelidad sin cuestionamientos.
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… nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo de pecado sea reducido a la impotencia, a fin de que nos sirvamos más al pecado. (Romanos 6:6)
¿Has tomado tú ya esta decisión acerca del pecado que ha de morir completamente en ti? Llegar al punto de tomar esta decisión conlleva un proceso largo y penoso. Sin embargo, el momento más grande de tu vida es el instante cuando decides que el pecado ha de morir en ti. Pero no se trata simplemente de dejarlo reprimido o contrarrestado, si no muerto; así como Jesucristo murió para quitar el pecado del mundo. Es una decisión personal. Nadie puede llevar a otros a tomarla. Podemos estar mental y espiritualmente convencidos de que es necesaria, pero no basta; debemos tomarla tal y como Pablo nos apremia a tomar.
Recógete, resérvate un tiempo a solas con Dios, y toma esta importante decisión, diciendo: Señor, identifícame contigo en tu muerte hasta que sepa que el pecado esta muerto en mi. Adopta la decisión moral de que el pecado en ti debe ser exterminado.
Pablo no lo considera como un objetivo futuro a alcanzar mediante la gracia divina, sino una decisión presente a tomar de un modo radical. ¿Estas dispuesto a dejar que el Espíritu de Dios te escudriñe hasta que descubras cual es el nivel de la naturaleza de pecado en tu vida para conocer qué cosas luchan contra el Espíritu de Dios en ti? Si es así ¿estarás de acuerdo entonces con el veredicto de Dios acerca de la naturaleza del pecado que ha de quedar identificada con la muerte de Jesús? No te puedes considerar muerto al pecado, (6:11) a no ser que hayas afrontado con éxito la prueba de doblegar tu voluntad delante de Dios.
¿Has entrado en privilegio glorioso de ser crucificado con Cristo, hasta lograr que todo lo que quede en tu carne y sangre sea únicamente Su vida? Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, si no que Cristo vive en mi (Gálatas 2:20)
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