UNA FUERZA IMPARABLE PARA BIEN (SEGUNDA PARTE)
Escrito por pastoreslyssolares en CRECIMIENTO ESPIRITUAL
Sea que haya estado usted en este planeta durante ocho años u décadas le sugiero con urgencia reflexionar sobre esa única cosa en el mundo que le rompe el corazón, aquello que hace hervir su sangre con solo oírlo, lo que aflige su corazón cuando lo ve porque esa única cosa, su buena obra, será lo que cree tensión, empuje, angustia, que darán lugar a capacidad de actuar y avivaran las llamas de levantarse y unirse al juego.
¿Es la injusticia? ¿La pobreza extrema? ¿Los desamparados? ¿Los matrimonios sin amor? ¿Los niños abusados? ¿La pandemia del SIDA? ¿El racismo, las prácticas comerciales inmorales, la política corrupta?
Me pregunto cuál de todas estas cosas será.
También podrá tratarse de las iglesias disfuncionales que mueren lentamente, de los cristianos absortos en sí mismos, en la adoración sin brillo. O los jóvenes con exceso de entretenimiento y falta de desafíos; toda la generación que se aleja de Diosmas y más.
Me entere hace poco de un matrimonio que vive en un pueblo muy pequeño y cuyos dos hijos adolescentes se negaban a ir a la iglesia. Es que el pueblo tenía una sola iglesia y los padres querían que sus dos
hijos se involucraran con la comunidad cristiana. Estaban cansados de la batalla semanal provocada por este tema, y no sabían qué hacer. Era obvio que su pequeña iglesia estaba muriendo y que el programa para jóvenes dejaba bastante que desear. Un fin des emana, un destello de compresion y creatividad hizo que les preguntaran a sus hijos ¿Hay alguna iglesia a la que les daría entusiasmo asistir? La iglesia que ellos nombraron estaba a unos cincuenta kilómetros al norte de donde vivía la familia, y el grupo de adolecentes se reunía los miércoles por la noche, un horario muy incomodo para dos profesionales ocupados. ¿Cómo podrían hacer que funcionara?
El padre no se sorprendió de que a sus hijos les atrajera esta iglesia en particular: Tenia su consultorio médico en la cuidad, y varios de sus pacientes debían viajar cada semana para poder participar de los excelentes programas que ofrecía esta congregación. “Estoy arto de rogarles a mis hijos que quieran ir a la iglesia – pensó – Si les gusta un grupo que se reúne a cinco condados de aquí, tendremos que ir y regresar, no hay problema.
La semana siguiente con el impulso de ese momento Popeye compartido por él y su esposa, decidieron destinar un autobús.
Reúnan a todos sus amigos- dijo el padre-díganles que vengan a casa el miércoles a las cinco de la tarde, ¡Y que no lleguen tarde yo conduciré!, y seguro adivinaran hacia dónde iremos.




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