Sabemos una cosa acerca de la paz de Dios : Experimentar la presencia de Jesús en nuestras vidas tiene un efecto tranquilizador. Sin embargo, no podemos tener la paz de Dios, por medio de Jesús, sino hemos experimentado la paz con Dios. La fe es primerman-prayinga.

(Romanos 5:1, 10)

Caminar sobre el mar tormentoso no es una acción lógica; es más una acción desesperada.

Pedro se sujeta de borde de la barca. Saca una pierna… sigue con la otra. Da varios pasos. Es como si un rompeolas invisible de rocas corriera debajo de sus pies. Al final del rompeolas esta el rostro radiante de un amigo incondicional.

Nosotros hacemos lo mismo, ¿no es cierto? Venimos a Cristo en un momento de profunda necesidad. Abandonamos la barca de las buenas obras. Nos damos cuenta, al igual que Pedro que salvar la brecha entre nosotros y Jesús es una hazaña demasiado grande para nuestros pies. Así que suplicamos por ayuda. Escuchar su voz y damos un paso con miedo, esperando que nuestra poca fe sea suficiente.

 ALCANZA A JESUS

Al igual que Pablo, est2451255amos conscientes de dos cosas: somos grandes pecadores y necesitamos un gran salvador.

Al igual que Pedro, estamos consientes de dos hechos: nosotros nos hundimos y Dios se mantiene en pie. Así que salimos como podemos. Dejamos detrás el Titanic de las pretensiones de superioridad moral y nos paramos sobre el camino solido de la gracia de Dios.

Y, sorprendentemente, podemos caminar sobre el agua. La muerte ha quedado desbaratada. Los fracasos se pueden perdonar. A vida tiene un verdadero propósito. Y Dios no solo esta a la vista, está al alcance.

Con pasos preciosos y tambaleantes nos acercamos a Él. Por algún tiempo de sorprendente fuerza descansamos en sus promesas. No tiene sentido que podamos hacerlo. No afirmamos ser dignos de semejante regalo increíble.

Cuando las personas preguntan cómo es posible que podamos mantener nuestro equilibrio durante semejantes momentos de tormenta, no alardeamos. No fanfarroneamos. Sin ningún reparo, señalamos a Aquel que lo hace todo posible.

Nuestros ojos están puestos en el (Mateo 14:30)

Deja una Respuesta