En otros casos, la divina insatisfacción puede haber surgido del descubrimiento de la extensión del abuso infantil en este país. Las estadísticas solamente muestran que un ninos-felices_articlepequeño porcentaje de niños en la Tierra de las Promesas fueron victimas de algún tipo de abuso. Es probable que la tormenta de frustración en su corazón y su alma hiciera que remplazaran la desesperanza  por la acción. Que arreglaran para que alguien cuidara a sus propios hijos unas horas a la semana, de modo que ellos pudieran abrazar y brindar amor y seguridad a los niños de Billo, que quizá vivieron la violencia y la disfunción en algún momento de sus cortas vidas.

Habrá otros voluntarios cuyas razones jamás llegare a conocer. Sin embargo, todos se unen por una causa común, decididos a marcar una diferencia. Esta es la promesa de la Tierra de las Promesas: que los niños tengan un lugar de paz que puedan llamar propio; que sean aceptados por lo que son, y también expuestos a la verdad de lo que pueden llegar a ser en Cristo; que los adultos comprometan sus vidas en lugar de solo tolerarlos… o peor aun, abusar de ellos o descuidarlos. Este excelente ministerio de nuestra iglesia crece y florece por una razón importante: porque cientos de hombres y  mujeres no pudieron soportar que hubieran malos programas para los niños abandonados y negaron a que la frustración infectara y enfermara sus corazones. Utilizaron ese revés como combustible para actuar y cambiar sus vidas.

Creo que ya sabe usted cual será mi pregunta ahora: ¿Qué es lo que no puede soportar?

paintEs cierto que los voluntarios de la Tierra de las promesas brindan una imagen fantástica de lo que es vivir a partir de la energía de la divina insatisfacción. Sin embargo, aunque es un programa excelente, debo admitir que no es el único. Si usted y yo diéramos un paseo por Willow, veríamos docenas de ejemplos de este tipo de inventiva y dedicación de parte de voluntarios. Observaríamos el ministerio CARS, donde hay hombres y mujeres con las manos engrasadas, ocultos bajo el capote de un viejo Honda, que arreglan el motor para que una madre soltera pueda transportar a sus hijos.

Encontraríamos a los miembros de la junta de SIDA con su equipo de colaboradores llenando paquetes de esperanza con cepillos de dientes, camisetas limpias y cuadernos en su esfuerzo por enviar algo de alivio a las familias que viven del otro lado del mundo.

También veríamos líderes del consejo de finanzas, coordinadores del equipo de oración y conductores de conferencias… cuidadores, ujieres y ancianos, gente que día a día, semana a semana se entrega a una tarea que aman con todo el corazón. Y lo hacen sin recibir dinero a cambio. Sea en Willow o en cualquier otra iglesia local, en una entidad de ayuda o en el mundo de las corporaciones, siempre ciento admiración cuando veo que alguien trabaja como voluntario a partir de un estado de divina insatisfacción. Digo que a mi admiración es del tipo “Hechos 2”… como la de quienes formaban la primera iglesia y veían el poder y la presencia del Espíritu Santo obrar un comentarista lo dijo así: Sus corazones estaban silenciados y abrumados por el asombro que inundaba sus almas. ¡Bien dicho!

Creo que nada es mas inspirador que la persona que transforma algo que no puede soportar en una energía positiva que avanza la restauración en este mundo. Eso es lo que obra cada vez que un corazón agradecido envía un cheque para financiar una causa valedera en nombre de hacer el bien en el mundo. Es lo que obra cada vez que alguien entra en una iglesia o en una oficina o carpa de ayuda con la actitud de: estoy aquí para servir, y lo hace después de dedicar cuarenta, sesenta u ochenta horas a su empleo real, cada semana. Es lo que obra cuando ese empleo real es más que un camino al cheque de fin de mes y se convierte en avenida que libera parte de la tensión causada por la divina insatisfacción que acumula su corazón.

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